Febrero: beata Ludovica Albertoni

Giovanni Battista Gaulli: La beata Ludovica Albertoni distribuyendo limosnas (1670). Getty Museum, Los Angeles.

La historia de la beata Ludovica Albertoni, esposa, madre y terciaria franciscana romana, se ha popularizado gracias a la célebre escultura que Bernini realizó de ella en éxtasis místico, una obra maestra del arte barroco universal.

Ludovica nació en 1474 en una familia patricia de la ciudad y, tras quedar huérfana de padre muy pronto, fue educada por su abuela y sus tías en un ambiente de fe, oración y atención a los pobres que marcó toda su vida.​ Siendo joven contrajo matrimonio con el noble Giacomo della Cetera, en el barrio de Trastevere, y de esta unión nacieron tres hijas a las que el matrimonio educó cuidadosamente en la fe católica. Las fuentes destacan su fidelidad conyugal, a pesar del carácter complejo de su marido, y el modo en que convirtió su hogar romano en un lugar de oración, trabajo y caridad, integrando la vida de esposa y madre con una creciente sensibilidad hacia los más necesitados.​ Su vida matrimonial duró apenas 12 años, pues enviudó a los 32.

Tras la enfermedad y muerte de su esposo, Ludovica defendió con firmeza los derechos de sus hijas en un pleito con su cuñado y distribuyó las propiedades entre ellas, destinando el resto de los bienes a los pobres de Roma. Solo entonces ingresó en la Tercera Orden de san Francisco, en la iglesia de San Francesco a Ripa, muy cercana a su casa y que solía frecuentar. Siguiendo los pasos de san Francisco y al amparo del camino espiritual trazado por los Frailes Menores, asumió un estilo de vida sencillo y penitente, permaneciendo plenamente laica, viuda y vinculada a su entorno familiar y social.​ Se esforzó especialmente por las muchachas de la calle, proporcionándoles educación y enseñándoles un oficio honrado para sostenerse; se ganó el apodo de “madre de los pobres” cuando, durante el saqueo de Roma de 1527, abrió su propia casa a los pobres, socorriendo a las víctimas y ofreciendo ayuda material y espiritual al pueblo romano.

Ludovica murió en 1533, agotada por la enfermedad y el servicio, y fue sepultada en San Francesco a Ripa, donde pronto surgió un vivo culto popular. En 1671 el papa Clemente X confirmó su beatificación, y la tradición franciscana y romana la propone desde entonces como modelo de esposa, madre y viuda que hizo del matrimonio, la maternidad y la pobreza evangélica un único camino de santidad.

Hoy, su tumba y el célebre “Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni” de Bernini siguen invitando a peregrinos y familias a redescubrir la vocación familiar como servicio a Dios y a los pobres.

Gian Lorenzo Bernini: éxtasis de la beata Ludovica Albertoni (1671-1674).

Anterior
Anterior

Marzo: beato Amadeo de Saboya

Siguiente
Siguiente

Enero: santa Paula