Enero: santa Paula
Santa Paula nació en el año 347 en el seno de una de las familias senatoriales más prestigiosas de Roma. Miembro de los Furio Camilo, un linaje que pretendía descender del legendario Agamenón, Paula heredó no solo riqueza y posición social, sino también la educación refinada y los valores cívicos de la aristocracia romana tardía. Contrae matrimonio con Toxocio, noble romano de estirpe, con quien tendrá cinco hijos: cuatro hijas —Blesila, Paulina, Eustoquia y Rufina— y un hijo varón, también llamado Toxocio.
Paula vive entregada a la vida matrimonial propia de su condición: dueña de un hogar suntuoso en el Aventino, ataviada con sedas finas, se desplazaba por Roma portada en una rica silla, ejerciendo la potestad que el matrimonio le otorgaba sobre una vasta red de siervos. La vida conyugal de Paula transcurre en consonancia con los usos de su tiempo y su rango, sin que nada presagiase el vuelco radical que experimentaría tras la muerte de su esposo.
Y es que cuando Toxocio muere, Paula queda viuda. Tiene apenas 32 años. Entonces, con la lucidez que la gracia le otorga, comprende que su nueva condición le abre una nueva puerta y reconoce en el final de su matrimonio el llamamiento a una forma más radical de entrega a Dios. Asumiendo y trascendiendo su experiencia conyugal, ordena las virtudes adquiridas como esposa y madre para lo que será una consagración total a Cristo.
Matías de Torres: San Jerónimo y Santa Paula adorando al Niño, 1670-1690.
Tres años después de enviudar, en el año 382, Paula conoce a san Jerónimo. El gran Padre de la Iglesia había llegado a Roma en compañía del obispo Epifanio de Salamina y Paulino de Antioquía, como peregrinos al concilio convocado por el Papa Dámaso. San Jerónimo, nacido en Dalmacia, había renunciado a la vida mundana para vivir como asceta en Oriente y llevaba consigo el riguroso espíritu del monacato oriental, que contrastaba radicalmente con el lujo cristiano de la aristocracia romana. Ambos establecen entonces un vínculo espiritual que el propio Jerónimo describirá con alegría; bajo su dirección espiritual, Paula reúne a un grupo de viudas cristianas que, guiadas por santa Marcela, viven con anhelos de una vida monástica. Ella misma recorre un camino de conversión profunda, experimentando un deseo de pobreza que le merecerá de san Jerónimo la afirmación de que la romana “se abatió tanto por la humildad que parecía la última de sus criadas entre todas las criadas”.
Convertida de lleno a la vida ascética, reparte su fortuna entre los necesitados, dedicándose a la oración, el ayuno y el estudio de las Sagradas Escrituras. En el año 384, la golpea un duro acontecimiento: fallece su hija primogénita, Blesila. En septiembre de 385, acompañada por su hija Eustoquia, que se había consagrado como virgen, y otras discípulas, abandona para siempre la Ciudad Eterna e inicia una peregrinación que le llevará a los Santos Lugares bajo la guía de san Jerónimo: visitan Chipre, Siria y Egipto, conociendo los monasterios del desierto y nutriéndose con la espiritualidad de los eremitas. Se establece finalmente en Belén; precisamente allí, en la gruta de la Natividad, Paula experimenta uno de los momentos más luminosos de su conversión. Prosternada ante el lugar del nacimiento de Cristo, exclama:
“Yo, miserable pecadora, he sido juzgada digna de besar el pesebre en que el Dios Niño dio sus primeros vagidos, y de orar en la cueva donde la Virgen Madre dio a luz el Divino Infante. He aquí el lugar de mi descanso, porque es la patria de mi Señor”
Giuseppe Bottani: La partida de las santas Paula y Eustoquia hacia Tierra Santa, 1745. Metropolitan Museum of Art (Nueva York, Estados Unidos).
Durante 20 años, Paula y su hija Eustoquia, colaboran activamente con san Jerónimo en sus labores exegéticas. Profundas conocedoras del griego y del hebreo, revisan y copian la traducción al latín que animan a san Jerónimo a realizar de la Biblia. Juntos fundan, además, dos monasterios: uno masculino dirigido por Jerónimo, y otro femenino que llevará adelante Paula. La organización de la vida comunitaria se inspira en la regla de san Pacomio, creando un monasterio donde residirá más de un centenar de vírgenes consagradas, con hospedería para acoger y alojar a los peregrinos. Paula, como madre espiritual de esta comunidad, brilla por su solicitud, su oración y su estudio de la Escritura.
Santa Paula fallecerá el 26 de enero de 404 en Belén, a los 59 años. Será san Jerónimo, que durante dos décadas ha estado a su lado, quien redacte su panegírico, el Epitaphium sanctae Paulae, como un testimonio imperecedero del valor de su vida. Sepultada en la iglesia de la Natividad, a sus funerales asistieron no solo las monjas y monjes de los dos monasterios, sino gran cantidad de pobres a los que su caridad había auxiliado.