San Timoteo y santa Maura
Timoteo y Maura, venerados como mártires en la ciudad del Antiguo Egipto conocida como Antínoe, en la región de Tebaida, en la ribera oriental del Nilo, fue una joven pareja de esposos que, apenas estrenado el matrimonio, recibió la palma del martirio en el siglo III.
Su memoria, recogida en el martirologio romano, nos presenta a Timoteo como un joven lector de la comunidad cristiana local, entendido este ministerio no solo como el del encargado de proclamar la Palabra sino también de conservar, estudiar y cuidar en todo aspecto la Sagrada Escritura. Ya antes de su matrimonio, consta que un grupo de cristianos de Antínoe se reunía en su casa para escuchar la lectura de los textos sagrados y su interpretación.
Siendo joven contrajo matrimonio con Maura, también llamada Mavra; su nombre significa en latín “oriunda de Mauritania”, señalando así su origen africano. Ella tenía apenas 17 años en el momento de la boda. Apenas 20 días después de los desposorios, Timoteo fue denunciado ante el prefecto de la Tebaida, Ariano. Por entonces, por mandato del emperador Diocleciano se había ordenado confiscar y destruir los textos cristianos. Sabedor de su condición de lector, el prefecto instó a Timoteo a entregar sus libros, a lo que se negó con la misma rotundidad que al sacrificio a dioses paganos. Por este motivo, fue torturado. Las hagiografías compendian muy diversas torturas que se le habrían practicado (perforar sus oídos y sus ojos con barras de hierro ardiendo, suspenderlo boca abajo con un trozo de madera en la boca, colgarle una pesada piedra al cuello…); no tenemos seguridad histórica de los suplicios a los que se le sometió, aunque sí sabemos que sus acusadores mandaron llamar a su joven mujer, Maura, para tratar de que abjurase de la fe. Maura, sin embargo, también habría confesado su fe cristiana, negándose a colaborar con los torturadores de su marido. Del mismo modo, ella fue sometida a suplicios como el de ver arrancada su cabellera con gran crueldad.
Las fuentes con probado rigor histórico refieren que tras estos tormentos, ambos fueron sentenciados a morir crucificados, como efectivamente sucedió aun a pesar de las súplicas de sus padres. Durante 9 días se habrían mantenido vivos en los maderos, confortándose mutuamente y entregando su último aliente, finalmente, el décimo día.
El culto a Timoteo y Maura, tanto juntos como por separado, se extendió rápidamente en Constantinopla, donde tenían una iglesia dedicada a su memoria. Su conmemoración litúrgica se fijó el 3 de mayo (16 de mayo en el calendario copto). Existen diversos milagros atribuidos a estos santos, e iconos de los santos venerados desde hace siglos, en los que la dimensión conyugal forma parte indisoluble de su propia historia de martirio y santidad.